Durante el encuentro “IA e Innovación: la nueva ventaja competitiva”, organizado por Parque Empresarial Austral, Juan Pablo Cosentino, del IAE Business School, y Boris Briñez Rodriguez, de Bayer Crop Science LATAM, coincidieron en que el verdadero diferencial no está en adoptar inteligencia artificial, sino en transformar los procesos, los datos y la cultura organizacional para convertirla en una herramienta de creación de valor.
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La inteligencia artificial ocupa hoy un lugar central en la agenda de prácticamente todas las empresas. Sin embargo, mientras la discusión pública suele concentrarse en las herramientas disponibles y sus capacidades, el desafío que enfrentan las organizaciones parece estar en otro lugar: cómo incorporarlas para resolver problemas concretos del negocio y construir ventajas competitivas sostenibles.
Ese fue el eje que atravesó el encuentro “IA e Innovación: la nueva ventaja competitiva”, organizado por Parque Empresarial Austral. Desde perspectivas diferentes, Juan Pablo Cosentino, director y profesor asociado del área de Dirección de Operaciones y Tecnología del IAE Business School, y Boris Briñez Rodriguez, gerente de Innovación para Manufactura en Bayer Crop Science LATAM, analizaron cómo la inteligencia artificial está modificando la forma de innovar, producir y competir.
Aunque uno abordó el tema desde la estrategia y el otro desde la implementación en una organización global, ambos llegaron a una misma conclusión: la tecnología, por sí sola, no transforma una empresa. Para generar impacto necesita apoyarse en procesos bien diseñados, datos confiables, equipos preparados y una organización capaz de aprender y adaptarse de manera continua.
Esa mirada desplazó el foco de la conversación desde la herramienta hacia la gestión. Más que preguntarse qué plataforma incorporar o qué aplicación utilizar, ambos especialistas propusieron que las empresas comiencen por revisar sus procesos, identificar sus principales desafíos y definir qué valor esperan generar a través de la inteligencia artificial.

Competitividad antes que eficiencia
Uno de los conceptos centrales de la presentación de Cosentino fue la necesidad de ampliar la mirada con la que muchas organizaciones evalúan la inteligencia artificial. Según explicó, la mayoría de los proyectos comienza buscando mejorar la eficiencia —hacer lo mismo con menos recursos— o incrementar la productividad —obtener mayores resultados con la misma estructura—. Sin embargo, sostuvo que esas mejoras, aunque importantes, no alcanzan para construir una ventaja competitiva sostenible.
Desde su perspectiva, el verdadero potencial de la inteligencia artificial aparece cuando permite desarrollar nuevas capacidades y crear valor de una manera que diferencie a la empresa de sus competidores. Para lograrlo, insistió en que toda transformación debe comenzar con un diagnóstico claro de la organización: comprender dónde se encuentra, cuáles son sus principales desafíos y para qué quiere incorporar estas tecnologías.
Ese análisis inicial también debe incluir una revisión de los procesos y de la calidad de los datos disponibles. Cosentino remarcó que ninguna herramienta puede generar buenos resultados si trabaja sobre información deficiente o procesos mal diseñados. En ese sentido, planteó que la tecnología no reemplaza la estrategia, sino que amplifica la capacidad de una organización para ejecutar una estrategia bien definida.
Como recomendación para las empresas que comienzan este recorrido, propuso avanzar mediante proyectos acotados y orientados a resolver problemas específicos, en lugar de extender las pruebas piloto sin generar resultados concretos para el negocio.

Cuando la IA resuelve problemas concretos
Por su parte, Briñez Rodriguez presentó cómo esos principios se traducen en la práctica dentro de la división Bayer Crop Science. Compartió casos donde la inteligencia artificial permitió optimizar procesos existentes, desde la validación automática de documentación logística hasta sistemas de visión computacional capaces de analizar en tiempo real la calidad de semillas durante el proceso de manufactura.
En todos los ejemplos hubo un denominador común: la tecnología apareció como respuesta a un problema operativo claramente identificado. El objetivo no fue incorporar inteligencia artificial por sí misma, sino mejorar la calidad de los procesos, aumentar la eficiencia de las operaciones y liberar a las personas de tareas repetitivas para que pudieran concentrarse en actividades de mayor valor.
Briñez Rodriguez explicó que varios de los casos presentados no surgieron de un área central de innovación, sino de una iniciativa interna de formación en inteligencia artificial impulsada por Bayer. La compañía comenzó con encuentros dirigidos inicialmente a equipos de manufactura, donde los colaboradores aprendían desde el uso básico de herramientas de IA hasta el desarrollo de agentes y automatizaciones. Con el tiempo, la propuesta despertó el interés de otras áreas de la organización y pasó de convocar a unas pocas decenas de personas a reunir a más de 200 participantes por encuentro. Según señaló, ese proceso permitió que los propios colaboradores comenzaran a identificar oportunidades de mejora y desarrollaran soluciones aplicadas a sus procesos cotidianos.
Esa construcción de capacidades internas se complementa con una estrategia de innovación abierta. Briñez Rodriguez explicó que Bayer trabaja de manera articulada con universidades, startups, institutos científicos y hubs de innovación para incorporar conocimientos que la organización no desarrolla puertas adentro y acelerar la resolución de desafíos tecnológicos. En ese marco, mencionó iniciativas como Bayer Day, donde startups presentan sus desarrollos a la compañía, y los encuentros de pitch reverso, una modalidad en la que es Bayer quien expone problemas concretos de su operación para que emprendedores y empresas propongan soluciones y desarrollen pruebas de concepto en conjunto.
Más allá de las diferencias entre una empresa global y una pyme, el mensaje final de ambas presentaciones fue coincidente. La inteligencia artificial puede acelerar procesos, mejorar decisiones y abrir nuevas oportunidades de negocio, pero el verdadero diferencial competitivo seguirá dependiendo de la capacidad de las organizaciones para transformar su forma de trabajar y convertir la tecnología en una herramienta al servicio de su estrategia.