Columnas de Opinión

Responsabilidad Social Empresaria: Una cuestión ética

El verdadero concepto de la RSE está muy ligado al acuerdo ético que existe dentro de las compañías; ética que no puede ocultarse pues se ve a través de sus acciones. Esto se debe a que los fundamentos originales de la RSE, apuntan también a los principios de solidaridad y búsqueda del bien común. Muchas veces, observamos dentro de las organizaciones, cómo los códigos de ética van un lado y las políticas de RSE o prácticas de compliance por el otro. Cuando en realidad, deberían estar integradas y no ser tomadas de manera aislada, dado que todas tienen un objetivo común, que es (ó debería ser) la búsqueda de un planteo ético adecuado.

Es importante tener en cuenta que la ética siempre es personal y nunca deja de ser personal, ya que los sujetos de la ética son las personas y no las instituciones. Por otra parte, los temas de ética tienden a incomodar a las personas, principalmente porque el concepto va asociado, erróneamente, sólo a la idea de puesta de límites, y generalmente apuntando cuál es la línea que divide lo que está mal de lo que está bien. En realidad la ética más útil es la nos lleva a preguntarnos, ¿cuánto mejor puedo influir en la sociedad y los individuos cada vez que tomo una decisión?, ¿cuánto más bien puede hacerse? Estas preguntas son el corazón de la RSE.

Ahora bien, a nivel corporativo, uno de los mayores problemas es cuando se entra en la lucha por la reputación y la imagen. La RSE corre el riesgo de transformarse en una herramienta y no en un fin, sólo en función de mejorar la reputación, y no porque se crea firmemente en lo que se está haciendo. Este es un riesgo muy habitual, de hecho el caso paradigmático de esta situación fue el de la empresa Enron, en Estados Unidos a comienzos del año 2000, que tenía una gran reputación en la sociedad, construida (imagen ética construida) para esconder la verdadera ética, ya que era una pantalla que terminó en uno de los escándalos más dañinos para la imagen de la empresa como institución relevante de la sociedad.

Para asociar RSE con ética hay tres preguntas clásicas que cada directivo debería hacerse sistemáticamente en la búsqueda del bien:

  • ¿Cuál es nuestro propósito o sentido (real) y sincero) de lo que hacemos?
  • ¿Qué principios deben guiar nuestras acciones?
  • ¿Qué responsabilidad tengo con los demás (empleados, clientes, proveedores, comunidad, etc.)?

Estas preguntas clásicas de la ética, son las mismas que deberían considerarse para definir una adecuada política de RSE, y sus códigos de ética. Su aspecto positivo puede influenciar la cultura de la firma, detallando como quiere ser vista y dando orientaciones éticas para la acción.

Sin embargo, esto no es lo más importante del código ético, sino su planeamiento y comunicación. Por este motivo, la clave para su éxito, es lograr darle un marco de referencia, en donde la organización participe de la preparación del código con un proceso controlado “bottom up”. De esta forma, al involucrarse todas las personas, se logra sensibilizar, entrenar y capacitar a la organización en qué es la ética, sus principios y cómo se correlaciona con las acciones del día a día. Sin esto, solo se llegará a un código vacío y sin contenido.

Una vez armado el plan, debemos enfocarnos en las acciones de comunicación para difundirlo, las cuales deberían ser en cascada (de arriba para abajo), y en donde en cada nivel, tanto los gerentes como los directivos asuman el compromiso de transmitírselo al resto de los empleados. Por último, será tarea del directorio y los comités de alta dirección, analizar regularmente qué conductas reales se llevan a cabo dentro de la compañía, y lograr qué en las evaluaciones anuales de los directivos se vean reflejadas estas cuestiones referidas a la ética.

Las circunstancias actuales de nuestro país en cuanto a los problemas económicos, sociales y morales, como los niveles de corrupción, exigen más que nunca la confección de planteos éticos sinceros y leales. Asociar a la RSE con un planteo ético claro puede resultar en un compromiso positivo que ayude a asumir el riesgo de hacer todo el bien que se pueda, a nivel personal y desde las empresas.​