Columnas de Opinión

Relaciones con la Comunidad: “Ayudar, ¿Vale la pena?”

En un artículo del Prof. Argandoña surgió el tema sobre las acciones que las empresas realizan frente a problemas sociales y su legitimidad para llamarlas Responsabilidad Social Empresaria. Es habitual observar que muchas empresas dicen y “hacen cosas” para ayudar a los más necesitados; implementan programas de inserción de discapacitadosformación de jóvenes en situación de riesgo, promueven o apoyan emprendimientos sociales, etc. ¿Será éste el mejor camino?

Ciertamente quedan muchas dudas sobre el verdadero motivo de esas acciones. Algunos opinan que lo hacen para no ser tildadas de empresas que no son  “responsables socialmente”. Otros se inclinan por calificar estas acciones como una “pantalla o elemento del marketing”, o para quedar bien, que las aplaudan o no las critiquen cuando están ganado mucho dinero. Otros piensan que son empresas con un fondo filantrópico y algo de paternalismo, “para sentirse bien”: ¡soy tan bueno haciendo algo por los pobres y necesitados!  Alguna vez se cuestionan estas acciones porque son aisladas, carecen de un sentido integral, se dan sin orden ni concierto y de este modo solo se pierde el tiempo: con tantos millones de desocupados, indigentes y pobres, ¿qué logramos con ese poco que hacemos?  ¿Solucionamos algo sólo dando una mano a una decena de personas o de familias?

Todo esto puede ser que tenga algo de verdad. Sin embargo podríamos ver las cosas desde otra perspectiva: más vale eso que no hacer nada. Se es responsable de las acciones ejercidas pero también de las que corresponde ejercer y se omiten, tal vez por comodidad, o porque es más fácil o más barato…

Estas acciones –efectivamente no se encuadran en los conceptos de la RSE- pero muestran:

  • que las empresas –como comunidad de personas- son eminentemente activas y pueden crecer y mejorar las acciones que están realizando;
  • que tienen alguna preocupación por los problemas ajenos;
  • que al intentar “hacer algo” por las necesidades ajenas crecen en virtudes porque las practican;
  • que las acciones hablan por sí mismas: algo es posible hacer, es un mensaje  que se transmite a todo su alrededor: “colegas, colaboradores, empleados, clientes y proveedores ¿y si Uds. también hacen algo?”;
  • que efectivamente pueden existir otras cosas más eficientes que resuelvan los graves e inconmensurables dramas del mundo, pero esto es lo que esta empresa puede hacer.

Lo mejor siempre ha sido enemigo de lo bueno; se hace lo que se puede, en vez de esperar a ver qué se nos ocurre hacer mañana que no sabemos si llegará.

Leonardo Polo en su libro “Ética, hacia una versión moderna de los temas clásicos” (AEDOS, 1997) plantea: “Lánzate a la vida, aporta, pon de tu parte, no te quedes corto. Actuar es cuestión de principio”. Este es el gran principio, “quiere, haz”. “Actúa todo lo que puedas y mejora tu situación” En este caso mejora la empresa porque crecen en virtud  quienes realizan las acciones concretas y -en algo- se mejora la situación del otro. Hacer lo mejor que podamos para paliar en algo la situación de los demás es mucho más que no hacer nada. Obviamente que siempre pueden existir modos mejores y más profesionalizados, que apunten al fondo, más abarcativos, integrales, etc. Pero si por buscar esos caminos la empresa queda paralizada se ha decidido incorrectamente.