Columnas de Opinión

Políticas industriales para ser competitivos

La reciente designación del nuevo ministro de Producción, Dante Sica, anima estas líneas. América Latina es un espacio que sorprende por su bajo desempeño relativo en relación a la dotación de recursos naturales y humanos que posee. Una de las asignaturas pendientes de la región está precisamente en la mejora de la competitividad.

Para articular un desarrollo sostenido es clave acudir a un instrumento indispensable como lo son las políticas industriales (PI) bien elaboradas y políticamente factibles. Es común escuchar que el proceso de crecimiento está íntimamente asociado a la acumulación de conocimiento y a la diversificación de la estructura productiva de un determinado país.

Para que esto se concrete es vital disponer de una PI que sea realista y operativa con el objeto de alcanzar mayores niveles de competitividad. Las restricciones para la implementación de una determinada PI están dadas por el tamaño, el grado de desarrollo y las diversas estructuras productivas de las diferentes economías nacionales.

En un primer momento, la PI estuvo asociada en toda la región con la estrategia de sustitución de importaciones que fue, sin lugar a dudas, la primera fase en el proceso de industrialización que los países encararon. A lo largo del tiempo tuvo como instrumentos centrales la protección comercial, la promoción de inversiones directas, el apoyo crediticio de los bancos de fomento y el desarrollo de la inversión externa directa.

La visión crítica de cómo se fueron desenvolviendo las estrategias mencionadas llevó a fuertes debates con tópicos clásicos. Con la rivalidad entre posiciones liberales y desarrollistas, hemos perdido mucha energía en la región.

Los gobiernos más liberales de los “90, comprometidos con reformas estructurales, avanzaron en políticas industriales, en muchos casos relacionadas principalmente con el sector automotriz.

La discusión sobre el rol de las PI no es sólo referente a América latina sino que alcanza a economías desarrolladas y a países emergentes. En Asia, por ejemplo, el debate de las PI es bien marcado y aún está vivo. Algunos responsabilizan a las PI como la causa fundamental de la crisis de 1997, como consecuencia del excesivo intervencionismo estatal en el sudeste asiático.

Los críticos de las PI adoptan a veces una expresión que es representativa de toda una filosofía: “La mejor política industrial es precisamente la que no se tiene””. Esta es una afirmación que no tiene en cuenta que las estrategias de desarrollo deben coordinar la iniciativa del mercado con el impulso del sector público.

Las PI existentes en la región que se vinculan en forma estrecha con las de competitividad se pueden clasificar de acuerdo a la CEPAL en cuatro bloques:

1- Políticas que siguen la inercia del proceso de sustitución de importaciones.

2- Políticas centradas en sectores que procuran su desarrollo.

3- Políticas derivadas del aprovechamiento de economías de escala o de red.

4- Políticas de sostén de clústeres, en particular de aquellos integrados por pymes bajo la tutela de grupos económicos, multinacionales o grandes firmas nacionales.

Muchas veces se hace referencia a la necesidad de que las PI sean horizontales y se asume de este modo cierta neutralidad en el impacto sectorial. Este punto parecería ser cuestionable ya que es muy difícil que no haya cierta discrecionalidad hacia algún sector al modificarse la dotación de recursos de la economía.

En el caso argentino actual, no existe un plan director que oriente el proceso de crecimiento, si bien hay algunos avances en este sentido desde el área de Producción. Para facilitar el aprendizaje institucional, es clave contar con mecanismos de evaluación de las políticas encaradas.

En base a un estudio de casos en la región, las limitaciones que están presentes en la implementación de PI se relacionan con la baja capacidad se seguimiento, con la precariedad de los acuerdos público-privados y con la debilidad de las señales económicas asociadas a la aparición de fallas en su implementación.

Publicada en La Prensa