Columnas de Opinión

Mitos y realidades del liderazgo

Hoy asistimos a un gran debate sobre la capacidad que deben tener quienes dirigen las empresas de ejercer o no liderazgo. Una buena administración resulta indispensable para cualquier negocio, pero una buena dirección que sepa ejercer liderazgo tiene aún más peso. A menos que uno sea el único integrante de la empresa y trabaje en soledad, dependerá de la ayuda de otros. Si es emprendedor necesitará comunicar su energía, entusiasmo e ilusión a quienes conforman la organización; saber cómo elegir talento para el equipo de dirección y definir a dónde quiere llegar. Deberá promover el camino para fomentar el diálogo que permita lograr una visión compartida, que ayudará a definir las metas por donde circule la organización.

Ojalá esto fuera la alquimia de aplicar una fórmula que nos asegure la solución. Ronald Heifetz, de la Harvard University, recuerda que el ejercicio del liderazgo está orientado a movilizar a las personas para que puedan enfrentar sus problemas y los desafíos adaptativos que la organización plantea. Habrá que enfrentar la odisea de construir, con los distintos integrantes del sistema involucrado, una respuesta satisfactoria y superadora, que permita afrontar y aceptar sus pérdidas para alcanzarla.

En familia

Estos desafíos son importantes para las pymes; muchas, familiares, que se ven amenazadas por competidores poderosos que les plantean la disyuntiva de cambiar o dejar de existir. Los tiempos de agitación y duda que nos tocan vivir exigen dueños de empresas innovadores, dotados de una visión estratégica y resueltos a arriesgarse a compartirla. El propietario debe comportarse como tal y entender que, en la generación siguiente, deberá haber alguien dispuesto a sucederlo.

Quien aspira a hallarse algún día a la cabeza de la empresa, necesita saber cómo ejercer un liderazgo que logre movilizar e inspirar a las personas para que trabajen con espíritu solidario, cooperativo y orientado a resultados. Requiere coraje y no tener miedo a una idea sana del conflicto para enfrentar los desafíos. Hay que ayudar a la firma para que avance en este sentido.

Muchas veces, los sucesores solo piensan en ocupar la silla que les asegure poder. Una vez que la ocupan, no saben cómo ejercer liderazgo, los superan y agobian los conflictos humanos, y la experiencia resulta deprimente para el sistema.

Muchas instituciones se han vuelto anticuadas y se hace necesario un nuevo aprendizaje en el modo de ejercer liderazgo. Desde los estudios sobre las emociones, al nuevo concepto sobre cómo ejercer autoridad, hasta el impacto de las neurociencias para lograr un mayor conocimiento de la persona, están incidiendo para generar una transformación en los líderes que impacte en la empresa. Esto es cierto en la pymes y empresas familiares que, con cada generación, avanzan hacia sistemas más complejos de propiedad y gestión.

¿En qué difiere el ejercicio del liderazgo en pymes del que se ejerce en otras empresas? ¿Qué liderazgo se requiere para poner a flote una firma familiar, que dejó de ser competitiva? ¿A dónde pueden acudir, en busca de apoyo, los propietarios de organizaciones que se encuentran ´solos en la cima´? ¿Qué cualidades deberían poseer los hermanos asociados en un negocio heredado de la generación anterior? ¿Conviene que la familia tenga sus propios directores? ¿Qué competencias deberíamos pedirles a los numerosos primos que dirigen una firma?

Responder no es sencillo. Cada organización deberá cocrear con imaginación, innovación y empeño para descubrir el camino que le permita crear la empresa, mantenerla y hacerla llegar en buenas condiciones a las generaciones futuras. Se hace necesario internalizar conceptos, vivencias y prácticas de liderazgo que permitan hacer frente a las presiones adaptativas. A estas se ven sometidas en la actualidad las competencias y creencias personales que nos vienen acompañando a lo largo de la existencia.

En la vida de las pymes, el liderazgo adaptativo nos dará la capacidad que permitirá avanzar decididamente, a partir de nuestras transformaciones con los desafíos más importantes que nos plantea la vida profesional, organizacional y por qué no, también, en lo personal. Necesitamos fortalecernos emocionalmente para emprender y actuar sustentados en los valores, anclados en un propósito que llene de sentido las acciones de liderazgo a fin de maximizar las probabilidades de éxito y minimizar las de quedar fuera de juego.