Columnas de Opinión

Innovación: ¿Para qué cambiar si hoy nos va bien?

Un líder puede promover la innovación en su equipo de trabajo generando un entorno propicio. Y con eso no me refiero a poner un sillón de color rojo con una PlayStation y un metegol en una espacio común. Eso es maquillaje. Innovar significa, primero y principal, arriesgar, y cualquiera que arriesga, como en cualquier inversión, sabe que muchas veces va a perder. La mayoría de las empresas que quieren innovar y no pueden es porque no saben perder. Menos que menos, aprender de sus errores. Hay que fomentar la curiosidad, el espíritu emprendedor, la experimentación, y hay que saber perder. El líder tiene un rol clave con su ejemplo. Si todas sus respuestas empiezan con “pero” o “eso no lo podemos hacer en esta empresa” es difícil que la gente siga exponiendo sus ideas. Si solo incentiva por los buenos resultados, nadie va a tener incentivos para innovar, para cambiar. Si, en cambio, promueve la innovación al reconocer o a la gente que busca hacer cosas de manera distinta y aceptar que no todos los proyectos van a terminar bien, es más probable que su gente lo siga. A veces es tan difícil fomentar una cultura de innovación que las empresas tienen que desarrollar una unidad de negocio separada a la actividad principal. Es el exitoso caso de Nespresso de Nestlé. Es muy probable que nunca hubieran logrado desarrollar ese negocio si lo hubieran manejado con la misma gente o hubiera dependido de los mismo líderes. Empezaron de cero, rompiendo con las ataduras que generan los prejuicios existentes. No sé si se puede enseñar la curiosidad, la pasión, la perseverancia y, a veces, por qué no, la locura de los grandes creadores. La obsesión de Steve Jobs por una experiencia única para el usuario de sus productos atentaba contra la propia rentabilidad de la empresa. La pasión de los genios, sea un emprendedor de negocios, un músico o un médico, se ve en la cantidad de horas que le dedican a sus obras. Es el caso de Picasso, que no paró de crear una infinidad de obras hasta el final de sus días. Su frase resume bastante bien su perseverancia: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Probablemente sabía que muchas de sus obras no iban a ser grandiosas, pero que si practicaba y trabajaba mucho, algunas lo podían ser. La pasión seguramente no se pueda enseñar, tal vez contagiar. Y, en ese aspecto, es clave el rol del líder. Sin embargo, hay cosas que sí se pueden enseñar. La etnografía y la capacidad de observar un fenómeno social con una lente mas empá- tica, las metodologías de generación de nuevas ideas, o los procesos para transformar una idea 1.0 en un concepto, luego proyecto, prototipo y piloto, sí se pueden enseñar y han demostrado tener buenos resultados.

Innovar significa cambiar y, por ende, siempre va a encontrase con resistencia. El mayor enemigo de una nueva idea es la idea existente. En particular, cuando la idea existente funciona. ¿Para qué cambiar si hoy nos va bien y ganamos mucha plata? ¿Para qué poner en riesgo mi bono de fin de año y mi carrera? El problema es que cuando queremos darnos cuenta muchas veces ya es muy tarde. Y si no preguntémosle a Kodak, dueños de una de las primeras patentes de la cámara digital, pero que, aferrados al éxito del viejo rollo, no supo reaccionar a tiempo.